La importancia del ejercicio físico (y el proceso de circulación colateral)

Una persona sedentaria que inicia una actividad deportiva, comienza a generar en su sistema arterial y venoso nuevas conexiones entre los pequeños vasos (anastomosis), esto significa que la estructura vascular se modifica haciéndose más eficiente, porque los tejidos necesitan más oxígeno (entre otras cosas) por la nueva exigencia.

 

Al realizar ejercicio físico, se "modifica" la función y se cambia la estructura (nuevos vasos sanguíneos, músculos más potentes, etc.).

 

Esto ya lo analizamos en la entrada de “La segunda ley de la osteopatía: la estructura gobierna la función”.

 

En esta ocasión hablaremos solo de los procesos vasculares, que básicamente (y simplificandolos) serian dos:

 

- La angiogénesis: es el proceso que consiste en la formación de nuevos vasos sanguíneos a partir de los vasos preexistentes.

 

- La arteriogenesis: un aumento en el diámetro de los vasos arteriales existentes.

 

Esto significa que nuestro sistema cardiovascular se adapta a estas nuevas exigencias, mejorando nuestra capacidad de llevar sangre y líquidos hacia los tejidos.

 

Esto a su vez produce un efecto que se conoce desde el año 1956 (se estudió en las arterias del corazón), llamado circulación colateral ("puentes naturales" entre los vasos sanguineos).

 

Estos estudios científicos han probado que el entrenamiento aeróbico (caminar, andar en bicicleta, correr, nadar, etc.) puede favorecer este proceso y reducir las posibilidades de que ocurra una angina de pecho o infarto de miocardio.

 

Un estudio presentado en la Conferencia Internacional sobre Stroke de la American Heart Association mostró, en ratones, que realizar actividad física de forma regular puede prevenir un ACV (accidente cerebrovascular) o disminuir sus secuelas, gracias al fortalecimiento de la circulación colateral en el cerebro.

 

¿Cómo podemos hacer ejercicio?Citando a Amelia Earhat:“La manera más efectiva de hacerlo es hacerlo”.