La Osteopatía y el nervio vago
(parte 1)

El nervio vago nace a nivel del bulbo raquídeo (podríamos decir “debajo de los hemisferios cerebrales” - simplificando mucho -), y se extiende y conecta con la faringe, el esófago, la laringe, la tráquea, los bronquios, el corazón, el estómago, el páncreas y el hígado, y otras vísceras, como los riñones y los intestinos.

 

Sale del cráneo por un agujero que se llama rasgado posterior.

 

Hay dos nervios vagos, uno a la derecha y otro a la izquierda, por lo tanto hay dos agujeros rasgados posteriores (en la parte posterior de la cabeza, zona de la nuca, uno a cada lado).

 

Este nervio es uno de los principales encargados de regular el sistema nervioso parasimpático (el que es automático, no depende de nuestra voluntad, y nos prepara para la digestion, relajación y descanso).

 

Regula el control de corazón, los pulmones, músculos del cuello y vías respiratorias, el hígado, estomago, páncreas, vesícula biliar, bazo, riñones, intestino delgado y parte del intestino grueso.

 

Su buen tono nos permite permanecer en calma, disminuye nuestra frecuencia cardiaca, respiratoria, y genera una respiración más profunda (nos oxigenamos mejor).

 

Presenta un enorme rango de funciones, comunicando impulsos a cada uno de los órganos de nuestro cuerpo.

 

Es muy frecuente el tratamiento del agujero rasgado posterior durante las sesiónes de osteopatía, favoreciendo la regulación del sistema nervioso parasimpático, y permitiendo que los procesos de digestión, descanso y reparación del cuerpo (entre otros) se produzcan de la manera más equilibrada posible.

 

Además del tratamiento osteopático, hay diversas herramientas para favorecer el tono del nervio vago: cantar, meditar, Yoga, Acupuntura, Masajes, Reflexología, sociabilizar, etc. (esto lo desarrollaremos en un artículo posterior).

 

“Cuida tu mente, tu cuerpo te lo agradecerá. Cuida tu cuerpo, tu mente te lo agradecerá” (Debbie Hampton).