La Osteopatía visceral y la importancia del hígado (Parte 2)

La disfunción del hígado (perdida de movilidad y tensión en su tejido conectivo que lo recubre) genera un aumento de la presión abdominal.

Son frecuentes los dolores lumbares por este motivo (entre otros síntomas).

El cuerpo humano tiene 4 cavidades virtualmente cerradas:

La cavidad pélvica, abdominal, torácica y craneal.

Cada una de ellas tiene una presión específica.

Podemos imaginarnos a las mismas como cuatro pelotas de futbol unidas verticalmente (una arriba de otra), y estas tienen mayor presión de abajo hacia arriba.

La pelvis tiene mayor presion que el abdomen, el abdomen tiene mayor presion que el torax, y el torax es la cavidad que menos presion tiene de las tres.

Estas diferencias de presiones de mayor a menor, de abajo hacia arriba, permite una eficiente circulación de líquidos en el organismo (cuando hablamos de líquidos nos referimos no solo a sangre venosa, sino a los líquidos en general).

Estos retornan “luchando” contra la fuerza de gravedad desde la zona más inferior (los pies) y suben hasta llegar al corazón, y en este recorrido van circulando por todas las cavidades antedichas.

También podríamos imaginar una manguera que va desde los pies al corazón, y si alguna cavidad presenta más presión de lo normal, sería una zona en la que la manguera esta “algo apretada”, y el agua que circula por la misma tiene mayor dificultad en desplazarse.

Por esto es importante la evaluación y tratamiento del hígado, ya que la disfunción del mismo aumenta la presión abdominal.

Es un órgano frecuentemente abordado en las sesiones de osteopatía, por cuestiones propiamente mecánicas, de alimentación, emocionales, quirúrgicas, etc.

Con respecto a la parte emocional, el enojo o ira es la que genera disfunción en el hígado (esto lo corrobora la medicina china hace miles de años, y a través de la palpación lo podemos corroborar los osteópatas).

“El enojo es un ácido que puede hacer más daño al recipiente en el que se almacena que a cualquier cosa en la que se vierte.” Mark Twain