Tercera Ley de la Osteopatía: El cuerpo cuenta con mecanismos de autorregulación

El cuerpo humano está en constante búsqueda de equilibrio, como ocurre con un equilibrista que avanza sobre una cuerda, generando pequeños reacomodamientos para no caerse.

Este fenómeno se logra gracias a la integración de todas las estructuras que componen el organismo, que están interconectadas y su mutua influencia hace que este proceso de reequilibración se pueda llevar a cabo.

Las distintas partes del sistema corporal están unidas, ya que existen “cables tensores” que la recorren y envuelven (fascia o tejido conectivo); cuando se genera un estímulo en esta “gran tela”, este es transmitido y redistribuido por toda la red de tejido.

Sin embargo, cuando aparece una disfunción, el organismo tendrá que trabajar más para mantener el equilibrio; este trabajo adicional se conoce como carga alostática.

En caso de ser importante o mantenida, generaría posibles efectos así como dolor o malestar general.

Al eliminar la disfunción, se reduciría la carga alostática y se recuperaría el “equilibrio normal” generándose una mejoría local y general de la salud de la persona.

El objetivo de la Osteopatía es buscar estas disfunciones (perdidas de micromovilidades), y restaurar la función normal para que el organismo logre reequilibrarse por sí mismo.